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Rajoy pierde las elecciones catalanas; ahora es el momento de echarlo

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Las elecciones en Cataluña no han deshecho el atasco de forma favorable a los intereses del presidente del gobierno español Mariano Rajoy. De hecho, su táctica ha fallado e incluso ha debilitado su posición. Sin embargo, tampoco se ha fortalecido estratégicamente la posición de los tres partidos nacionalistas catalanes que declararon la independencia el 27 de octubre.

Estos partidos; Junts per Catalunya, anteriormente PDeCat, y antes de eso CiU, Esquerra Republicana de Catalunya, ERC, y las Candidatura d'Unitat Popular, CUP, se han aferrado a una mayoría en el parlamento regional, aunque reducida en dos escaños. Una vez más, sin embargo, la votación no logró demostrar que haya una mayoría de votantes por la independencia: 47,2 por ciento. El partido con mejores resultados individuales fue el partido neoliberal anti-independentista, Ciudadanos, dirigido por Inés Arrimadas. Obtuvo 1,06 millones de votos, o el 25,4 por ciento del electorado.

Sin embargo, estos resultados representan un desaire a Mariano Rajoy y su golpe de estado "constitucional" contra la autonomía de la región y su gobierno electo. Si se tienen en cuenta los 312,000 votos, el 7,4% y 8 escaños de Catalunya en Commu-Podem, una clara mayoría ha rechazado a Rajoy y su golpe de Estado. Esto fue subrayado por el hecho de que su Partido Popular en Cataluña, PPC, liderado por Xavier García Albiol, perdió siete de sus once escaños y alrededor de la mitad de sus votos.

De todos modos, mientras Rajoy mantenga su control del poder en Madrid, gracias al apoyo vergonzoso que recibe en el parlamento del Partido Socialista Obrero Español, PSOE, el enfrentamiento y el recurso a la represión pueden continuar. Varios de los diputados recién elegidos están actualmente en prisión o en el "exilio", y por lo tanto no pueden votar en apoyo de un gobierno separatista. A pesar de que podrían renunciar a sus escaños a favor de candidatos que se encuentran más abajo en sus listas de partidos, es probable que el gobierno y la judicatura de Madrid se nieguen a reconocer tal gobierno y mantengan o reimpongan el Artículo 155.
 
De hecho, como una señal de sus intenciones, el mismo día después de las elecciones, un juez del Tribunal Supremo, Pablo Llarena, extendió los cargos de rebelión, sedición y mal uso de fondos públicos a un grupo adicional de ex consellers y funcionarios. En efecto, la autonomía catalana se mantendría suspendida y cualquier acto de desafío por parte del Parlament, por más formal y simbólico que fuera, se enfrentará con más detenciones y represión. Alternativamente, Rajoy puede convocar a elecciones generales españolas, las cuales pelearía desde una base histéricamente anti-catalana y chauvinista.

Los gestos de desafío a Rajoy seguirán siendo ineficaces a menos que una mayoría activa de catalanes, especialmente de los trabajadores catalanes, esté dispuesta a ir más allá de manifestarse y votar e inicie una acción directa con el objetivo mínimo absoluto de restablecer los poderes del gobierno autónomo y del Parlament. Hasta ahora, sin embargo, el hecho de que la mayoría de los trabajadores catalanes se opongan a la independencia, sumado a que los nacionalistas hacen de ésta su primera y última exigencia, implica que no se haya formado un frente unido activo de resistencia a la represión de Rajoy. 
 
Aun así, si los nacionalistas desean escapar del atolladero en el que se encuentran, es decir, la falta de respaldo por parte de las fuerzas sociales dispuestas a, y capaces de, tomar medidas contra Rajoy y el gobierno del PP, deberán centrarse en demandas democráticas más inmediatas y urgentes; y contemplar el escenario de su lucha por sus derechos en una perspectiva de la totalidad de España. Aunque los partidos catalanes han pedido negociaciones con Madrid, no hay ninguna razón para creer que Rajoy participará ahora en conversaciones significativas. Al haber dejado salir de la lámpara al genio del chauvinismo español, incluso aunque quisiera, sería difícil volver a encerrarlo. 
 
Dado que el Partido Popular, respaldado por el sistema judicial reaccionario y la monarquía borbónica, niega el derecho a la autodeterminación a las nacionalidades que conforman el estado plurinacional español, dado que también están armados con la no democrática y post-franquista Constitución de 1978, no puede haber una resolución negociada y constitucional de esta profunda crisis política.

Sólo el derrocamiento del gobierno (minoritario) del PP y la abolición de la constitución "post-franquista" pueden abrir el camino a una solución que permita a los catalanes decidir si quieren separarse de España o formar parte de una república federal que otorgue a las nacionalidades del país una autonomía que no pueda ser anulada desde Madrid. 
 
Los demócratas y socialistas en toda España deberían exigir en las calles y mediante la huelga general la renuncia de Mariano Rajoy y de todo su gobierno, la abdicación de Felipe de Borbón y la convocatoria de elecciones a una asamblea constituyente soberana.

Es vital vincular estas cuestiones democráticas con el final de las políticas de austeridad que han empeorado el desempleo masivo, especialmente entre los jóvenes, aumentado la falta de vivienda y los desahucios, y deteriorado los servicios sociales y de salud. Una lucha contra estos problemas sociales, además de abordar la difícil situación de los refugiados que huyen de la pobreza y la guerra en África y Medio Oriente, puede unificar a la clase trabajadora en todo el país y exponer a los gobiernos capitalistas de Mariano Rajoy y Carles Puigdemont.

En toda España, los sindicatos de trabajadores, los partidos socialistas y los jóvenes anticapitalistas deberían movilizar sus fuerzas a nivel local y nacional para actuar. Necesitan crear comités o consejos para organizar la lucha, movilizar fuerzas de masas que sean capaces de defenderse contra las fuerzas represivas del estado y llevar a cabo una revolución que aborde todas las demandas democráticas y sociales clave e instaure el poder de los trabajadores para asegurar su ejecución. En el curso de esta lucha se debe abordar el objetivo de recrear un partido obrero revolucionario de masas, libre de las ilusiones del populismo y el nacionalismo.

Las primeras demandas del movimiento deberían ser:
La retirada del artículo 155 y la plena restauración de la autonomía de la Generalitat de Catalunya.
La liberación incondicional y la retirada de todos los cargos en contra de los ex consellers catalanes y los líderes de las organizaciones independentistas.
La retirada de las fuerzas adicionales represivas de la Policía Nacional y la Guardia Civil de Catalunya, y la eliminación del control de Madrid sobre los Mossos.
El fin de las políticas de austeridad implementadas en los niveles tanto español como catalán.
Abajo con Rajoy y la monarquía reaccionaria. Por una República Federal de Trabajadores en España y Catalunya.