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Declaración sobre los atentados terroristas de Barcelona / Cambrils

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Los atentados del 17 de agosto, en los que un vehículo arrolló a multitud de personas, muchas de ellas turistas, que paseaban por las famosas Ramblas de Barcelona, ​​matando a 13 personas e hiriendo a más de 100, y luego un segundo ataque con vehículo en Cambrils que mató a una persona e hirió a seis más, han sido reivindicados por el auto-denominado Estado islámico (ISIS) que llamó a los autores sus soldados.

Todos los socialistas, sindicalistas y progresistas condenarán estos actos crueles e indiscriminados de terrorismo y extenderán su simpatía y solidaridad a las familias y amigos de las víctimas y a todos aquellos traumatizados por estos horribles acontecimientos.
Son los últimos de una serie de ataques terroristas inspirados por ISIS en toda Europa: Niza, París, Berlín, Estocolmo, Londres y Manchester. Las "armas" involucradas están fácilmente disponibles y la coordinación necesaria es mínima. No importa cuán rápidas sean las respuestas policiales, tales ataques son prácticamente imposibles de prevenir.

Mientras haya pequeños grupos, o individuos solitarios, inspirados por la ideología terrorista-yihadista de ISIS o al-Qaeda, para emprender estas misiones asesinas, y también suicidas, no se podrán parar en última instancia.

Nada puede excusar o justificar tales atrocidades, pero tampoco pueden ser explicadas simplemente por la "ideología maligna" de los perpetradores o culpando a los "predicadores islámicos radicales".
Aún menos se puede culpar a todas las comunidades musulmanas de Europa, como hacen regularmente los políticos populistas y los medios de comunicación más reaccionarios. Los puntos álgidos de los ataques islamófobos en Gran Bretaña tras los acontecimientos de Londres y Manchester muestran cómo los racistas y los fascistas están siempre dispuestos a explotar los sentimientos agitados por tal demagogia.

De hecho, difundir tales conexiones falsas es precisamente lo que ISIS y Al-Qaeda buscan lograr. Su objetivo es aislar y alienar a un gran número de musulmanes del continente, como resultado de un mayor hostigamiento y persecución policial, y así ganar más reclutas para su causa archi-reaccionaria.

Es por eso que tenemos que oponernos a los estados de emergencia y los poderes represivos extraordinarios adoptados por los estados a raíz de estos ataques y movilizar a los trabajadores y jóvenes en solidaridad tanto con las comunidades musulmanas establecidas desde hace tiempo como con los recientes refugiados de las guerras en el Medio Oriente.

Después de los ataques de Niza y París, Francia introdujo un Estado de Emergencia que permite a la policía prohibir las manifestaciones y violar muchos derechos de los ciudadanos. El presidente Macron ha amenazado ahora con integrar este estado de sitio en la ley francesa de manera permanente, al mismo tiempo que se propone abolir los derechos de los trabajadores por decreto. Seamos claros: las leyes antiterroristas y los poderes especiales se utilizarán contra los trabajadores y los jóvenes de Europa. Por eso tenemos que oponernos.

Más que eso, tenemos que exponer los verdaderos orígenes de estos terribles actos terroristas: la escala mucho más grande de horror y sufrimiento en el Medio Oriente, hoy sobre todo en Siria y Yemen, pero también en Irak, Afganistán, Libia… la lista es larga. Son las acciones, durante decenios, de los estados "democráticos", "seculares" o "cristianos", "amantes de los derechos humanos" y algunos de sus aliados más cercanos en la región, las que han creado a los autoproclamados, aunque erróneamente llamados, terroristas "islámicos". Son monstruos de Frankenstein de esos gobernantes tan liberales.

Su creación comenzó con la guerra civil afgana a principios de los años ochenta, y luego fue acelerada por la guerra de Irak en 1991, la proclamación de la Guerra contra el Terror después del 11-S, las ocupaciones de Afganistán e Irak y, más recientemente, las intervenciones en Siria y Libia. Todas estas guerras e invasiones, primero por los aliados occidentales y más recientemente por la Rusia de Putin, son acciones puramente egoístas de explotación de las potencias imperialistas.

Sus bombardeos e invasiones han matado a cientos de miles de personas inocentes y no han traído paz, democracia o derechos humanos sino niveles indescriptibles de destrucción y sufrimiento. En Siria, el trabajo de generaciones de los trabajadores del país, además de los tesoros culturales de milenios, se han reducido a escombros.
En respuesta al lanzamiento de la "Guerra contra el Terrorismo", los jóvenes, las organizaciones de trabajadores y de mujeres construyeron un movimiento masivo contra la guerra, que fue particularmente fuerte en España. Nuestros gobernantes siguieron adelante a pesar de esta oposición de masas, mientras que las acciones de los terroristas, como los atentados con los trenes de Madrid en 2004, que mataron a 192 personas e hirieron a 2,000, actuaron para confundir y disminuir el movimiento contra la guerra.

Hoy en día, el trasfondo inmediato de las atrocidades en Barcelona y Cambrils es que Estados Unidos y sus aliados afirman estar al borde de la victoria sobre el llamado califato de ISIS y haber matado a su califa, de nuevo a expensas de una enorme pérdida de vidas de civiles en sus centros, Mosul y Al Raqa. Conforme se esclarezca la verdad acerca de la escala de pérdida de vidas y la evidencia de la total indiferencia de los bombarderos, escupiendo fuego y furia desde los cielos, sólo se alimentarán más atrocidades terroristas.

El mejor servicio que podemos prestar a las víctimas de los ataques de Barcelona es reiniciar un movimiento masivo de las proporciones de 2003 para exigir el fin de todas las intervenciones de los EE.UU. y sus aliados de la OTAN y Rusia en toda la región de Oriente Medio y movilizar el apoyo a los activistas democráticos y laicos que combaten tanto a las fuerzas terroristas yihadistas como al imperialismo y sus marionetas.